Científicos
de la Universidad de Zurich han descubierto los mecanismos fisiológicos
en el cerebro que subyacen a las promesas rotas. Patrones de actividad cerebral, incluso permiten predecir si alguien va a romper una promesa. Los
resultados del estudio realizado por el doctor Thomas Baumgartner y
profesor Ernst Fehr, ambos de la Universidad de Zurich, y el profesor
Urs Fischbacher de la Universidad de Konstanz, estan publicados en la
revista Neuron el 10 de diciembre de 2009. (Neuron, Volume 64, Issue 5, 756-770, 10 December 2009)
La capacidad de elaborar promesas es uno de los comportamientos humanos que incentivan la cooperación, la confianza y el compañerismo. Aunque generalmente no se tiene una obligación legal de cumplirlas, forman parte de la vida diaria cotidiana y de situaciones de intercambio económico. No obstante, las promesas no solamente se mantienen, sino que algunas veces, lamentablemente, se rompen.
Los incentivos económicos para engañar son de hecho ubicuos en la sociedad humana moderna y las promesas pueden romperse fácilmente en escenarios de intercambio económico. La gente de negocios, políticos, diplomáticos, abogados y las personas corrientes no siempre se comportan honestamente, como los recientes escándalos financieros han demostrado dramáticamente en los últimos tiempos. (Seguir leyendo)
A pesar de la ubicuidad de este comportamiento en la vida humana, se conoce muy poco acerca de los mecanismos fisiológicos que hay por debajo de este fenómeno. Para comprender mejor este comportamiento, el grupo de investigadores antes mencionado llevó a término una serie de experimentos de interacción social mientras se analizaba la actividad cerebral de los voluntarios que participaron. Se trataba de plantear situaciones en las que la ruptura de una promesa llevase a un beneficio económico para el que rompía la promesa y a un costo para su víctima.
En el juego, un inversor tenía que confiar en otro para invertir dinero real en un trato. Depositar la confianza en el otro le podía reportar cinco veces el dinero invertido, pero a riesgo de que el otro se viera tentado a no compartir las ganancias y quedarse con todo.
Los resultados mostraron que había un aumento de la actividad cerebral en las áreas del cerebro dedicadas al procesamiento de las emociones y control cuando se rompía una promesa. Las regiones delatoras fueron, en concreto, el córtex dorsolateral, el córtex anterior del cíngulo y la amígdala. Este patrón de actividad cerebral sugiere que la ruptura de promesas dispara un conflicto emocional en el deshonesto debido a la supresión de la respuesta honorable.
El hallazgo más importante del estudio fue que los investigadores fueron capaces de predecir el comportamiento deshonesto de los participantes a partir del patrón de actividad. De hecho, los sujetos que mantuvieron las promesas y aquellos que finalmente las rompieron actuaron de exactamente la misma manera cuando la promesa fue hecha: en ambos casos juraron mantener su palabra. Pero la actividad cerebral delató a los que finalmente las rompieron. Las mismas regiones antes mencionadas delataron a los deshonestos incluso antes de romper la promesa.
Aunque en otros estudios se mostró que se puede delatar a los mentirosos o deshonestos con este tipo de técnicas, este trabajo es el primero en mostrar que se puede predecir ese tipo de comportamientos.
Según Thomas Baumgartner el hallazgo indica que la actividad cerebral es capaz de delatar las intenciones malevolentes en un momento anterior al de cometer el acto deshonesto. Este resultado, según él, permite especular que la medida de esta actividad podría aplicarse en un futuro (distante), no sólo para atrapar a los culpables, sino incluso para prevenir futuros comportamientos criminales o fraudulentos de manera similar a la relatada en “Minority Report”.
De este modo se podrían utilizar este tipo de técnicas, según Baumgartner, para decidir si pone o no en libertad provisional a un preso.
“Hemos descubierto elementos críticos a nivel neuronal sobre la rupturas de promesas”, dice Ernst Fehr. Añade que, a la luz del significado que las promesas tienen en la vida cotidiana, este hallazgo ofrece la posibilidad de que seamos capaces de utilizar la comprensión de la fisiología cerebral para fomentar un comportamiento más social.
Sin embargo, una cosa es ver el futuro y otra distinta saber (y bien) las malas intenciones presentes. Estos investigadores admiten que el estudio de la actividad cerebral no predice necesariamente que el individuo intentará romper la promesa en el futuro y además admiten también que el método puede fallar a la hora de reconocer falsas promesas.
Otro factor que quizás se haya pasado por alto sea que el conflicto emocional quizás sólo se dé en personas con cierta conciencia moral sobre sus actos. Un psicópata sin ningún remordimiento, o un mentiroso patológico, quizás pasasen holgadamente este tipo de pruebas al no sufrir ningún conflicto emocional. De ser así estaríamos dando vía libre a las peores personas.
Aunque siempre nos quedará la duda sobre qué porcentaje de políticos pasaría este tipo de pruebas cuando prometen su programa electoral, o juran la constitución y leyes de su país una vez son elegidos por el incauto pueblo. Bueno, tal vez, todos pasarían la prueba.
Fuente: Neofronteras
Esta es la noticia de la University of Zurich En donde se dan datos exactos acerca de la investigacion:
"The promise is one of the oldest human-specific behaviors promoting
cooperation, trust, and partnership. Although promises are generally
not legally binding, they form the basis for a great many everyday
social and economic exchange situations. Promises, however, are not
only kept, but also broken. Material incentives to deceive are in fact
ubiquitous in human society, and promises can thus also be misused in
any social or economic exchange scenario in order to cheat one’s
interaction partner. Business people, politicians, diplomats,
attorneys, and private persons do not always behave honestly, as recent
financial scandals have dramatically demonstrated.
Despite the ubiquity of promises in human life, we know very
little about the brain physiological mechanisms underlying this
phenomenon. In order to increase understanding in this area,
neuroscientist Thomas Baumgartner (University of Zurich) and economists
Ernst Fehr (University of Zurich) and Urs Fischbacher (University of
Konstanz) carried out a social interaction experiment in a brain
scanner where the breach of a promise led both to monetary benefits for
the promise breaker and to monetary costs for the interaction partner.
The results of the study show that increased activity in areas of the
brain playing an important role in processes of emotion and control
accompany the breach of a promise. This pattern of brain activity
suggests that breaking a promise triggers an emotional conflict in the
promise breaker due to the suppression of an honest response.
Furthermore, the most important finding of the study enabled
the researchers to show that “perfidious” patterns of brain activity
even allow the prediction of future behavior. Indeed, experimental
subjects who ultimately keep a promise and those who eventually break
one act exactly the same at the time the promise is made – both swear
to keep their word. Brain activity at this stage, however, often
exposes the subsequent promise breakers.
As neuroscientist Thomas Baumgartner elucidates, these findings
indicate that brain activity measurements may already reveal malevolent
intentions at a point in time prior to commitment of a dishonest or
deceitful act. “Such a finding thus permits the speculation that the
measurement of brain activity could be applied in the (distant) future
not only to catch culprits, but even beyond this perhaps to aid in the
prevention of fraudulent and criminal intrigues – a vision already made
reality in the science fiction film ''''''''''''''''Minority Report''''''''''''''''.”
“We’ve discovered critical elements of the neuronal basis of
broken promises,” economist Ernst Fehr explains. “In light of the
significance of promises in everyday, interpersonal cohabitation in
society, these findings offer the prospect of being able to fathom and
better understand the brain physiological basis of pro-social and
especially of antisocial behavior in general.”
Fuente: University of Zurich
Esta es el link hacia la investigacion:
The Neural Circuitry of a Broken Promise
Thomas Baumgartner, Urs Fischbacher, Anja Feierabend, Kai Lutz, Ernst Fehr
Neuron - 10 December 2009 (Vol. 64, Issue 5, pp. 756-770)
http://www.cell.com/neuron/retrieve/pii/S0896627309009003
Nota: